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El laurel en el mundo de la medicina natural

 

 

El laurel, originario del sur de Europa y el norte de África, es un árbol perennifolio de la familia de las lauráceas que puede alcanzar hasta los 15 metros de altura.

 

El tronco es recto y de color gris oscuro y sus hojas son simples, alternas, elípticas, coriáceas y de color verde apagado las cuales desprenden un aroma muy penetrante y peculiar.

En cuanto al fruto de laurel, es una baya de color negro y su flor es de color blanco o amarillento.

El laurel se conoce desde la antigüedad. Los romanos confeccionaban con él coronas para los generales y guirnaldas, y hacían ofrendas sagradas. Incluso, se cultivaba para purificar el aire con su fragancia aromática.

Luego se introdujo en el resto de Europa, donde hoy día se usa tanto en el mundo gastronómico como en la medicina natural.

El laurel es un condimento habitual de los guisos de carne o verduras, la salsa boloñesa, platos de pescado, sopas e incluso flanes. Las hojas desprenden mejor su aceite esencial si el plato se cocina a fuego lento durante bastante tiempo.

 

Propiedades curativas del laurel

En infusión, las hojas de laurel son capaces de aliviar las molestias estomacales (reducen los gases, son buenas para los espasmos intestinales y ayudan a tener una correcta digestión) y mejorar los dolores renales. Todo ello, gracias al aceite esencial cuyos principales componentes son el cineol y el eugenol, que le confieren propiedades carminativas.

Utilizado de manera externa, en forma de aceite o de crema, es un buen antiséptico para  infecciones de la piel.

Favorece la expulsión de las mucosídades de las vías respiratorias principalmente en el caso de bronquitis y contiene sustancias de acción bactericida.

Debido a que el laurel contiene ácidos grasos insaturados, entre ellos el oleico y linoleico, contribuye a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Un bálsamo oleoso elaborado con hojas de laurel secas o frescas mejora los dolores musculares y las magulladuras debido a sus propiedades antiinflamatoria.

El laurel, en infusión, contribuye, también, a regular la menstruación y se considera un diurético, por lo que ayuda a eliminar el exceso de líquidos.

 

Remedios caseros con el laurel

Remedio para el reumatismo con laurel Hervir 1 litro de agua  y  una vez se encuentre en ebullición, añadir 10 gramos de hojas de laurel. Dejar hervir durante 5 minutos.  Retirar del fuego y aplicar, aún tibio, cataplasmas sobre la zona afectada, remojando un paño de algodón con esta preparación.  Mantener durante 2 minutos.  Repetir este procedimiento por lo menos cinco veces. 

Remedio para la caspa y seborrea con laurel Verter un puñado de hojas de laurel en un 1 litro de agua que esté hirviendo. Tapar y retirar del fuego.  Una vez esté refresca la preparación, aplicar sobre el cuero cabelludo realizando suaves masajes circulares.  También se puede aplicar en el agua de enjuague cuando se está  lavando el cabello.

 

Recomendaciones

El laurel crece muy bien en maceta si dispone de un sustrato medianamente fértil.  Sin embargo, es importante podarlo con el fin de que no crezca demasiado.   Una forma de hacerlo consiste en cortar las ramas bajas y favorecer el crecimiento de una copa esférica.

El mejor momento para recolectar las hojas y secarlas es en pleno verano, cuando el contenido en aceite esencial y el aroma son óptimos, aunque se pueden arrancar hojas frescas durante todo el año. Las hojas recogidas deben dejarse secar en frascos cerrados herméticamente.

En verano, el sol directo puede quemar sus hojas y en invierno hay que proteger el laurel de heladas y vientos fríos.  Lo ideal es que se encuentre en semisombra

 

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